26 de mayo de 2008

Llofriu III

El domingo a la mañana Conxa abrió el Archivo especialmente para nosotros; para mostrarnos la documentación recopilada. Yo sabía que me iba a gustar, aunque nunca imaginé que tanto.



Contenido en el silencio inmaculado de las salas, se escucha el zumbido grave y remolón de los acondicionadores de aire. Este eco me seda apenas entro en un museo, en un archivo, en la Universidad de Montreal o en una biblioteca.

Lo primero que nos mostró fueron los diarios de Irene Rocas de los que yo particularmente no tenía ni idea. Quiero decir, claro que sabía de ellos; pero de la misma manera que uno sabe de la existencia de otros universos ó de que hay algo llamado tabla de elementos. Un saber a modo de índice pero sin desarrollo, un “empty folder”.

Cuando Conxa abrió una de las incontables cajas y los vi ahí, acomodados con sumo cuidado, sentí algo parecido a lo que sentí el sábado cuando Francesc la mencionó como su abuela. Todos del mismo tamaño y del mismo color, marca Bachiller. En ellos, los días de una persona que sólo ante mis ojos se levanta, se sacude un poco el polvo de los hombros y me dice: Hola, ¡qué bueno que viniste!

Andy saca fotos a todo, quiere encerrar todo en la cámara y regalármelo después. Conxa y yo hablamos de varias cosas; de lo raro que es encontrar un registro tan exhaustivo del punto de vista de una mujer de aquella época. Me cuenta que fue todo lo feminista que se podía ser en ese momento y nos reímos tontamente las dos. Me cuenta que sus diarios contienen muchísimas capas de información: datos de lo cotidiano, de lo histórico, de lo personal. Me cuenta que aparte de reunir este interés para estudiosos de distintas ramas, los filólogos opinan que escribía muy bien, que tenía gracia.

Me muestra en el ordenador una base de datos con correspondencia, fotos, postales. Vemos un par de ejemplos al azar… Postal de Miría, frente y dorso; un dibujo de un caballo en La Pampa, y saludos.

Subimos otro piso y yo quedo encantada, me abandono al juego de girar las manijas de los archivos, con la cara de sorpresa de quien descubre que unas toneladas se pueden disfrazar de gramos. De reojo veo que Andy y a Conxa se ríen tiernamente de mi. Abrimos más carpetas y aparecen cartas de mi avi Joan Jacinto a Irene. La trataba de usted pero de una manera muy próxima. “Abuela, no le he escrito porque soy un macarra” (o algo así). Correspondencia por los asuntos del diccionario y el refranero. También hay cosas de Gracia, pero como a ella ya la conozco toda mi atención está en Irene. La carpeta antes vacía se va llenando y la curiosidad crece, amenaza con inundaciones.

Entro en un pico de azúcar de información familiar y me empiezo a dispersar y Conxa se da cuenta enseguida –¿cómo hace?– y me muestra otras cosas, pergaminos antiguos, ya nada que ver con la familia pero a mi se me ponen los ojos como dos platos…

Previously in Cataluña: Llofriu II

4 comentarios:

Silvi dijo...

Si seguís con esta vena litarario/testimonial, en el futuro también se recolectarán tus escritos. Vamos todavía!

Irene dijo...

Coincido con Silvia, agregás a la experiencia en sí, un plus que es un placer!!!
Te acordás que te advertí que el arxiu era impresionante? Pero yo no supe contarlo así!!!

Irene dijo...

Por gentileza de Isabel Aymerich que me mandó el texto y por indicación de Mariana, transcribo aquí lo escrito en la pared de la Casa Pairal por l'avia Gracieta y la traducción que hice (no sé si tan exacta porque se trata evidentemente de un catalán antiguo).
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Inscripcio de Gracia Bassa en la pared de la Casa Pairal

6 de maig de 1907
2 anys i 90 dias que et despedires d’aquesta casa estimada, pera marxar lluny de Catalunya. Jo avui, com tu, deixo aquí mes lletres, ja que sento tant i tant pertanyent al cor en haches raconet de mon que guarda els records de nostra infatesa i joventut, tan senzilla, tan dolça, tan alegre! Ja he fet una pelegrinació per tots els indrets d’aquesta casa. I ara al dir-li “Adéu!” necessito, germà del cor, pensar amb el teu valor, am la teva bondad incomparables pera trobar forsas y resignació en haches pas tan doloros.
Déu Sant! Per en Florenci y per tots nosaltres, consol, fortaleza, resignació! Siau per a sempre benehit y alabat.
Gracieta

Taducción
6 de mayo de 1907
2 años y 90 días que te despedías de esta casa amada, para marcharte lejos de Cataluña. (refiriéndose a la inscripción que dejara su hermano Florencio donde dice ”Adeu Llofriu, adeu Catalunya”) ¡Yo hoy, como tú, dejo aquí mis letras, ya que siento tanto y tanto perteneciente al corazón este rinconcito de mundo que guarda los recuerdos de nuestra infancia y juventud, tan sencilla, tan dulce, tan alegre! Ya he hecho una peregrinación por todos los lugares de esta casa. Y ahora al decirle "adiós!" necesito, hermano del corazón, pensar con tu valor, con tu bondad incomparables pera encontrar fuerzas y resignación en este paso tan doloroso.
¡Dios Santo! ¡Para Florencio y para todos nosotros, consuelo, fortaleza, resignación! Sed para siempre bendecido y alabado.

Juan Pablo Cambariere dijo...

Belleza.