3 de octubre de 2008

Veni, vidi, video # 026 Vivaldi Invierno
Allegro non Molto

La primera vez que la vi fue en el velorio de Carlota; apareció desde atrás de una cortina de terciopelo, vestida de violeta y con un sombrero de los años 40. Dio un par de vueltas solemnes por la sala, y seguido fue hacia el cajón; lo acarició con un gesto tan melodramático que se le escapó una brevísima carcajada. Los demás presentes se callaron al unísono y giraron sus unánimes cabezas hacia ella, como radares si acaso un ovni perdido entrara en el espacio terrestre. Yo la miraba desde el principio, y continué mirándola mucho después de que todos volvieran –también al unísono– a sus murmullos falsamente condolidos. A pesar de sus gestos escenográficamente afectados y desfachatadamente burlones, se notaba que ella sí estaba triste, y por solidaridad –o porque era linda– me entristecí.

Afuera hacía un calor de leyenda y adentro un frío glaciar, probablemente debido a un exagerado ajuste del aire acondicionado, aunque yo tenía mis sospechas de que el frío salía directamente del cajón. La chica de violeta era, hasta el momento, la única que se había acercado a ver a la muerta. Algo bastante raro porque el único atractivo de un velorio es justamente ir y mirar fijamente al muerto para ver si se mueve; ó tocar su cara marmórea; ó tratar de distinguir los lentos cambios a través de las horas, casi al mismo tiempo que se van muriendo las flores... también al unísono.



La chica de violeta daba vueltas por la sala sin hablar con nadie y sin que nadie le hablara, y yo, que no podía dejar de mirarla de golpe intuí su secreto y me sobresalté. Ella, que en ese momento caminaba hacia la otra punta de la inmensa sala, se detuvo en seco, giró lentamente su cabeza y parte de su torso hasta dar con mi mirada. En ese momento los murmullos crecieron y la sala se llenó –físicamente– de un ruido insoportable, y a pesar de que ella estaba a unos 15 metros, vi su cara –sólo su cara– aproximarse como si fuera a través del zoom de una cámara cinematográfica. Creo que perdí el conocimiento, ó la memoria, ó unos cuantos minutos de la noche, no se exactamente qué, pero algo perdí. Recuperé la conciencia cuando el taxista me preguntó adonde iba. Estaba bastante lejos de la funeraria y por lo visto acababa de subir al taxi, pero no tengo ningún recuerdo de lo que pasó en el medio.

Seis meses después, durante el día más crudo del invierno, volvía de la tintorería y al doblar en la esquina de casa me choqué –físicamente– con ella. Estaba parada en el medio de la vereda, bastante desabrigada y quieta como un poste. Yo tenía mis aparatosos auriculares Bose puestos, pero ella no se hizo ni cargo y me habló como si nada. A pesar de la música a todo volumen, se que me dijo sin ninguna sorpresa “Hola, ¿cómo estás? Soy Clara, nos vimos en el velorio de mi abuela. ¿Te acuerdas de mi?

Continuara... (algún día)


8 comentarios:

Anónimo dijo...

Continúa pronto por favorrrrr!!!
Marj

Silvi dijo...

Eso, que continúe a la brevedad! Porque se ve que la historia recién empieza.

alefunes dijo...

Yyyyyyy... esto viene de suspenso y con escalofríos!

Lover Of An Art Lover dijo...

La descripción primera y la música de fondo me hacía imaginar una historia de vampiros, pero ahora necesitamos saber quién es Clara!!!

cecisz dijo...

muy buen pilot!
compro, y quiero más.
besi

Mariana dijo...

Si, si que voy a continuar! Aunque por ahora no tengo ni idea de quien ni que es Clara. Lo que sí parece es que muy humana que digamos no es...
Al principio pensé hacerla parecer vampirín o fantasma, pero que al final fuera comun y silvestre; pero ahora no me decido.

Andy dijo...

Mas Mas Mas!!! Comprendo un poco mas cada semana. Me gusta los videos. A menos, yo los comprendo :-)

qfwfq78 dijo...

Voto que no sea fantasma!

El pobre Vivaldi, después de machacarlo en los parlantes del tren dia y noche de camino entre cornellà y llinars del vallès, me suena indefectiblemente al Rodalies de Renfe. Por asociación directa me dan ganas de dormir una siestecilla.